domingo, 7 de julio de 2013

Acceso mundial a la vivienda social

por Javier Bleda


La información que llega de cualquier lugar del mundo respecto a la necesidad imperiosa de construir viviendas sociales contrasta con la manifiesta incapacidad general de ofrecer soluciones viables. Gobiernos, entidades financieras de todo tipo e instituciones varias luchan contra una pandemia habitacional mundial que no parece tener un horizonte claro, en parte porque las alternativas constructivas que se ofrecen siguen siendo caras y también porque las posibilidades de acceso a un crédito hipotecario siguen formando más parte de la leyenda que de la realidad.

Construir viviendas abordables para las personas de menos recursos no debería ser tan complicado de no ser porque, tras los proyectos que se ponen encima de la mesa, siempre hay intereses económicos particulares que chocan frontalmente con los intereses humanitarios que debieran regir las conciencias de los que tienen capacidad de poder hacer algo. Pensar de esta manera que pienso no es extraño, ya que hay dos elementos esenciales, tal vez tres, que rigen las líneas maestras del problema de la vivienda social, estos son el precio de la vivienda, la forma de pago y en algunos casos el suelo. No podemos pretender que una persona con pocos recursos acceda a comprar una vivienda si el precio de venta está totalmente por encima de sus posibilidades en la mayoría de los casos. Mucho menos podemos creer que alguien pueda comprar dicha vivienda si, además de ser cara, no tiene acceso al crédito por ser no bancable, y si es que lo fuera los intereses aplicados pudieran ser enmarcados en el campo de la usura. Y, por último, hay mucha gente que tiene un pequeño terreno familiar donde podría edificar su casa pero, en caso de no tenerlo, no son muchas las ofertas públicas de puesta de terrenos a disposición de los ciudadanos, y si es que las hay a veces se convierten en un verdadero lastre a añadir al peso enorme del precio y forma de pago.

Así pues, no cabe otra cosa que entender que lo que hay que hacer es concentrarse en encontrar formulas que permitan aligerar los inconvenientes básicos para el acceso mundial a la vivienda social. No parece tan difícil diseñar viviendas que se adapten a las diferentes culturas locales y que puedan ser consideradas de bajo costo. No es descabellado permitir que esas viviendas sean pagadas poco a poco con cuotas que, al tiempo, y aunque contengan intereses financieros, permitan al comprador mantener a su familia. Y no es una locura que se crea en la obligación de los Estados de poner terreno mínimamente urbanizado a disposición de su población, especialmente cuando esos mismos estados no cuentan con los medios necesarios para dar otro tipo de soluciones.


Hace poco una persona que colabora conmigo escribió un email a una especialista en mercados africanos adjuntando uno de mis dossieres de construcción en el que apunto la viabilidad de estas soluciones. La respuesta fue contundente: “Lo que Javier Bleda pretende en el campo de la construcción social es un sueño irrealizable”. Y, digo yo, ¿no es más sueño creer que hemos de seguir sin aportar ideas que permitan a la población acceder a una vivienda básica pero digna?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.